viernes, 8 de mayo de 2020

Inerte...



Reducida e inerte, su alma se debatía entre la vida y la muerte.
Su desprecio por el mundo ya no era razón suficiente.
Su vida se escapaba en el silencio de la gente.
Quiso gritar, pero su cuerpo desgarrado
se burlaba de su mente.

Un vacío inmenso se anudaba en su vientre.
La soledad, arraigada en su garganta,
como un grito desolado de frustrada venganza.

Nunca un muro fue tan alto como aquel que la encerraba.
Nunca un llanto tan amargo como el que en su garganta se agolpaba.

Quiso gritar, pero nadie escuchaba, quiso escapar, pero nadie la buscaba, se dejó morir, pero nadie, ya nadie la extrañaba...

martes, 14 de abril de 2020

Transformación.



Algún día miraremos para atrás y recordaremos cómo todo cambió culpa de una pandemia. Cómo el mundo que conocíamos se desvaneció de repente. La vida que apredimos a amar se convirtió en otra, una que se asemeja bastante a una prisión domiciliaria.

Estamos varados en un mar de incertidumbre. Intentando cuidarnos y cuidar al otro. Un acto de amor enorme, que conlleva dolorosos sacrificios. Algunos lo pasan mejor que otros, unos florecen, aprenden, mutan. Otros se hacen uno con el sillón y se quejan. Pero todos lo transitan como mejor pueden, como mejor les sale. La solidaridad está reemplazando al consumismo, la naturaleza gana terreno ante los seres humanos. La noche se llena de silencios que inundan de soledad la oscuridad. Y sin embargo, estamos aprendiendo a sacarle provecho a lo que nos pasa. Sacando sonrisas de la galera y así nos vamos transformando en magos de la vida, en alquimistas de momentos que en otras circunstancias serían considerados insignificantes.

Sorprende darse cuenta que se desdibujaron muchas grietas y que estamos todos tirando para el mismo lado. Luchando por salir a flote y a la vez dando la mano al que más lo necesita. Todo esto conmueve hasta la médula.

No tengo dudas que se vienen momentos duros a nivel económico, pero la capacidad de transformación que tenemos los humanos es inmensa, por eso confío que vamos a salir fortalecidos, renovados, con ganas de aprovechar cada oportunidad que la vida nos ofrezca. No va a ser fácil, pero eso ya no importa, porque estamos acostumbrados a resurgir de las cenizas.

Espero de corazón que lo que venga sea la mejor versión de cada uno de nosotros y que el amor sea la premisa que guíe nuestros pasos de ahora en adelante.

¡Fuerzas! Estoy con vos, estamos juntos.

viernes, 24 de enero de 2020

Que todo fluya.




La premisa que roba mis pensamientos...
"Que todo fluya", que la vida siga su inevitable curso.
Que sea lo que tenga que ser,
sin forzar lo que nunca llegará.
Dejar todo al destino y dejarse llevar.
Que todo fluya, que nada opaque nuestra forma de andar.
Que la calma nos abrace el alma.
Dejar que las cosas sucedan sin sufrir el desenlace.
Lo que tenga que ser, será.
Que fluya todo pero sin quedarnos quietos.
Salir a buscar momentos,
a conquistar oportunidades que creíamos perdidas.

Dejar que fluya no es sumirnos en quietud, no es aceptar pasivamente lo que venga sin luchar.
Es buscar y dejarnos encontrar, es amar sin poseer, es soñar en grande con los pies sobre la tierra.

Lo que tenga que ser, será...
Que todo fluya y nada más...

A mi amiga María Elisa... ❤

martes, 14 de enero de 2020

Mi karma.




Migajas de amor, mendigos de nada,
absurda ilusión con sabor a calma,
aroma a mar, a noche estrellada,
vagando sin rumbo, sin patria, sin alma.

Remedio que en vez de curar, mata.
Rapsodia sin música, moviendo a las masas.
Tu adiós en mi pecho, un grito en tu garganta,
moriste de sed, de olvido y nostalgia.

Disparos al cielo, plagados de rabia,
de simples mortales que venden sus almas,
robarle a la vida un susurro de esperanza,
por encontrar algún amor en cualquier plaza.

Deseos al viento, palabras que matan,
un vacío en mi pecho, tu dolor es mi karma.



miércoles, 20 de noviembre de 2019

Segunda de nadie...



Maldita soledad que me envenena,
silencio póstumo de un amor condenado al fracaso.

Sumida en decadentes abrazos pasajeros
fui cayendo en miserias, en desvelos sin retorno.

Tus besos, vacíos de sentido
y un "adiós" despreciable, con gusto a nada...

La segunda de nadie,
la última en saberlo,
la desdicha de esperar un milagro en vano.

Fuimos el despojo de cariños de otros besos,
miradas de otros ojos mancillados de nostalgia...

Y en medio de todo y de nada, fuimos luz y sombra de fugaces momentos derrochados.


sábado, 26 de octubre de 2019

Ansias de tenerte.



Tengo ganas de hundirme en un abrazo,
de morir en un suspiro de nostalgia arrebatada...
sumergirme en besos de sedientos labios.
Ganas de navegar y naufragar en mi anhelo de llenarte.

Tengo ganas de soñar con tus ojos,
Suplicarte que me llenes de deseos incumplidos.
Arremeter contra tu cuerpo 
con la furia de la marea nocturna.

Tengo necesidad de tus manos en mi vientre,
desgarradora necesidad que no cesa.
Solitaria luz de luna que me alumbra
y me desangra de pasiones desatadas.

Tengo, quiero y necesito
sentir tu piel en mis entrañas.
Triste lamento, ingrata obsesión,
clamor de una pasión sin amor, 
ardor de una herida que nunca sana.


sábado, 24 de agosto de 2019

Despiadada obsesión...





Rocío no sabía explicar qué era lo que le llamaba la atención de Marcos. ¿Era su barba negra y tupida? ¿Tal vez el tatuaje en su hombro? ¿Su extraño y despreocupado modo de caminar? No podía saberlo, pero algo en él despertaba sus más bajos instintos y el hecho de que su vecino no pareciera pensar igual, no mermaba su interés, sino todo lo contrario. Vivían al lado, en un viejo edificio del centro, demacrado por el paso del tiempo. Sus paredes añejas, le daban un aire de foto de revista de decoración rústica. Los separaba una delgada pared, mediante la cual ella intentaba adivinar los movimientos de su amor platónico. Podía escuchar cuando su alarma sonaba, sus pasos al ir al baño, la vieja canilla quejándose al abrirse para recibir su cuerpo desnudo, antes del baño rutinario.

Rocío oía todo, saboreaba a la distancia cada poro de la piel de ese hombre que le quitaba el sueño. Se masturbaba pensando en recibir sus besos, sus caricias, su cuerpo entero. Imaginaba mil formas de darle placer.

Así pasaron meses en los que su frondosa imaginación la llevaron al borde de la locura. Un día se le ocurrió un plan para llevarlo a su departamento. Rompió la cerradura de Marcos y esperó, ansiosa, a que él regesara del trabajo. Al hacerlo, por obvias razones no pudo entrar. Ella salió y le ofreció quedarse en su casa hasta que el conserje llegara (era la hora del almuerzo y el anciano solía tomarse su tiempo para regresar al trabajo). Marcos estaba cansado y hambriento. El delicioso aroma que emanaba del hogar de su vecina lo hizo aceptar de inmediato su oferta. Comieron y hablaron de todo, sintiéndose totalmente a gusto el uno con el otro. Al terminar, algo los hizo fundirse en un beso apasionado. Librándose de sus vestimentas, se recorrieron en un abrazo lleno de fuego. El plan de Rocío había funcionado, él al fin era suyo. Se sentía tan afortunada, que pensó que era un sueño, pero no, él yacía desnudo en su cama y ella ahora succionaba su pene erecto mientas lo observaba arquearse y moverse al ritmo de su lengua. Se trepó y lo abarcó con su humedad , cabalgando su montura de sudor y piel caliente. Dejó que ese hombre la poseyera por completo, que disfrutara cada orificio que su cuerpo le ofrecía. Al cabo de una hora de lujuria y desenfreno, cayeron exhaustos uno al lado del otro. Rocío se levantó y le ofreció agua. Marcos aceptó, su garganta estaba seca y necesitaba reponerse. El agua le supo un tanto extraña, pero de todos modos, bebió el vaso entero sin parar. Ella se recostó a su lado y comenzó a acariciarlo. Él se dejó, no tenía fuerzas para negarse. De pronto, un fuerte mareo lo alertó. Ella le susurró que se dejara llevar... Pronto se sumió en un profundo sueño, mientras Rocío, con pasos medidos y una mirada de paz aterradora, tarareaba una canción de cuna para quien era ahora su eterno prisionero...

jueves, 8 de agosto de 2019

Ese bendito frijol...




Hoy, 8 de agosto, se celebra el día del orgasmo femenino. Por este motivo, me llegó un artículo que decía que el 30% de las mujeres en edad adulta, no han experimentado nunca un orgasmo. Esto no deja de asombrarme. En una época en la que las mujeres hemos avanzado tantísimo en materia de derechos e igualdad, que no conozcamos nuestro propio cuerpo es lamentable. Que dejemos nuestro disfrute en manos de otros, en vez de buscarlo solas, también lo es. Porque nos estamos perdiendo lo mejor del sexo cuando no sabemos recorrernos, acariciarnos, llegar al punto del clímax, ese instante único en el que se desdibuja el mundo en pos de nuestro placer. De igual modo, al relacionarnos sexualmente con otros, no verbalizamos nuestros deseos, dejando que nuestra pareja sexual deba "adivinar" nuestros puntos de excitación, perdiéndonos gran parte del disfrute de a dos, por no saber qué nos hace llegar y disfrutar a la par del otro.

Que muchas mujeres sigan considerando tabú este tema, escondiéndolo como si fuese algo vergonzoso, algo sucio, es nefasto. Porque nos debemos la enorme satisfacción de explorarnos hasta el último rincón, nos debemos la fascinación de esa cosquilla hermosa, ese arrobamiento que nos regala cada orgasmo. Nos debemos amar, porque tenemos el derecho de sabernos enteras, de palpitar al ritmo de ese bendito frijol mágico que la naturaleza nos regaló.

Así que ¡vamos mujeres! ¡Anímense! Tóquensé, ámense, rocen cada parte de su cuerpo con la convicción que nadie, en el mundo, va a saber hacerlo mejor que ustedes mismas...

domingo, 2 de junio de 2019

¿Hablar o fingir?




Hace unos días, una amiga nos contaba de un encuentro sexual un tanto infructuoso. Había conocido a un hombre por Facebook y después de varios meses de mensajes y cachondeos, pactaron un encuentro. El flaco en cuestión, había hecho lo que creyó iba a lograr que ella tuviera un orgasmo sí o sí. Esto fue: tener un miembro de gran tamaño (cosa totalmente irrelevante en muchos casos) cambiar de posiciones muy seguido y bombear durante 45 minutos. Cuando terminaron, él le preguntó si había llegado y ella le dijo que no, pero que no importaba. El caso era que estaba ofuscada porque casi no había habido juego previo y en ningún momento el tipo le estimuló el clítoris. Entonces le preguntamos: "¿Pero vos le dijiste cómo tocarte y dónde? ¿le dijiste qué te gustaba, qué te ayudaba a llegar al orgasmo?" Su respuesta fue un gran "NO". Así pues, comencé a pensar en todas las personas (hombres y mujeres) que quedan insatisfechas sexualmente por no haber expuesto sus deseos ante su "compañero de emociones".

Pensemos seriamente ¿cuántas veces desechaste a una persona porque no sabía hacerte acabar? ¿a cuántos guiaste a conocer tu cuerpo y hacerlo estallar? ¿Cuántos orgasmos fingiste, dejándolo con la sensación de ser un dios en la cama? ¿a cuántas les dijiste cómo te gustaba el sexo oral?

Muchas personas sienten que el otro (u otra) se equivoca, que no sabe, que no cumple, que no sirve. Pero no se detienen a preguntarse si podrían haberlo expresado, hacer que aprendan a satisfacer sus deseos y placeres. Cuando vos dejás tu orgasmo en manos del otro, estás descartando tu placer en pos de una persona que tal vez no sabe otra cosa, más que buscar el propio.

Sería ideal que dejemos de callar, que nos abramos y apartemos miedos e inseguridades, especialmente cuando se trata de sexo, ya que es en ese momento donde, mientras más libres nos sintamos, más placer podamos dar y recibir.

viernes, 8 de marzo de 2019

Mujer fuerte, mujer libre.




Llegamos al mundo indefensas, dependientes, frágiles y pequeños seres. A medida que crecemos, desarrollamos habilidades increíbles. Evolucionamos, aprendemos, sentimos, resurgimos y nos levantamos aún de las peores caídas.

Con el tiempo adquirimos superpoderes tales como estar en mil cosas al mismo tiempo, ser refugio de emociones varias, maquillar sentimientos y salir a la calle vestidas de lucha inagotable.

Somos capaces de ver el mundo con ojos de madre. Tenemos en nuestras manos la habilidad de hacer todo lo que hace un hombre, con la diferencia de poder hacernos responsables de lo que se nota y al mismo tiempo, ocuparnos de todo aquello que llevamos por dentro.

Llegar al mundo indefensas y convertirnos en gigantes luchadoras es nuestro mayor logro, nuestra más increíble destreza.

¡Mujer hermosa, mujer fuerte, mujer digna, nunca dejes de levantarte. Vos podés tener el mundo a tus pies!

Cada lágrima, cada pesar, cada vez que nos armamos, estamos forjando nuestro propio destino.

Nunca olvides que nuestro mejor maquillaje y nuestra mayor virtud es la de romper cadenas y seguir avanzando con la frente en alto.

jueves, 31 de enero de 2019

De juicios y prejuicios.



En esta época, en la que las personas estamos tan conectadas virtualmente, nos olvidamos que hay conexiones reales, más profundas y sinceras. Nos dedicamos a señalar con un dedo todo aquello que no coincide con nuestro punto de vista o ideología. Parece ser que el lema es: "viví como yo quiero o no vivas". Juzgar al otro es moneda corriente y nos olvidamos que nadie es perfecto, que los seres humanos no somos infalibles. Sí, incluso vos, que pasás horas frente a una computadora o celular, odiando todo lo que no encaja con vos, tampoco sos perfecto y alguien, en algún lugar, te está juzgando también. 

Preguntas como "¿No te pensás recibir? ¿Para cuándo el casamiento, o el bebé? ¿Por qué te tatuás? ¿No te da vergüenza salir así a la calle? Las escuchamos todos los días. Gente que cree estar en tu piel, que piensa que sabe lo que se siente ser vos. Y te juzga sin piedad, sin un ápice de empatía.

Leemos comentarios crueles, despiadados, carentes de cariño o solidaridad. Los hacemos y recibimos por igual. Y así vamos por la vida, despojándonos de sentimientos y convirtiéndonos en robots programados para odiar.

Entonces me pregunto ¿Vale la pena perder nuestra humanidad sólo por querer figurar un rato en una red social en la que casi no hay contacto real, en la que todos se desesperan por ser populares y se olvidan del daño que pueden causar? Me recuerda a mis años de sufrir bulliyng en la escuela. Nos hemos convertido en esos acosadores a los que tanto detestábamos de pequeños. Y el resto, el resto son sólo víctimas de nuestra falta de empatía en pos de unos cuantos "likes".

lunes, 17 de diciembre de 2018

La Puerta. Parte II



Desesperado, Bruno buscó el modo de abrir la puerta, pero esta no cedía. Buscó un hacha entre sus herramientas y comenzó a intentar destrozarla. Podía oír los gritos de Ana y de una niña también. La puerta no se rompía a pesar de sus esfuerzos. Salió de la casa hacia el terreno del casero, Don Felipe. Éste había sido el encargado de cuidar la casa durante muchos años y había ayudado a Bruno a descargar los muebles el día anterior.

_¡Don Felipe, necesito ayuda! ¡Mi mujer quedó atrapada en una espacio pequeño y no puedo derribar la puerta! ¡Escucho también los gritos de una niña pequeña dentro!_

_Don Bruno, no se desesespere, ya llamo al Comisario, vive acá cerca._ El rostro asombrado de Don Felipe, alarmó a Bruno, que comenzaba a perder la poca calma que le quedaba._

_El Comisario está en camino con dos efectivos, traen herramientas, grandes por las dudas que las necesitemos, mientras tanto, vamos y me muestra dónde está atrapada su mujer._ Dijo el anciano, con evidente desconcierto._

Bruno no podía creer la calma con la que Don Felipe se movía y hablaba. Parecía no comprender su urgencia.

Apenas llegaron, vieron la camioneta de los efectivos aproximarse. Bruno les hizo señas y estos bajaron corriendo hacia donde él les señalaba. Llegaron al sitio donde el dueño de casa les indicó y sólo encontraron una pared grande con una mancha de humedad que asemejaba a una pequeña puerta de madera veteada. Bruno no comprendía lo que estaba pasando. 

_¡No entiendo! ¡La puerta estaba ahí! ¡Mi mujer está ahí y una niña aparentemente también, tienen que creerme! Don Francisco, usted la vió, se llama Ana, es una mujer delgada, de cabello negro largo y ojos azules._ Mientras, seguía escuchando los gritos, pero ahora a la distancia, como si se fueran apagando lentamente.


_Don Bruno, mantenga la calma, necesito decirle algo: Yo nunca ví a su mujer, usted vino a ver la casa solo y ayer también estaba solo. por eso me asombré cuando habló de su mujer._

_¡No! ¡Es imposible! Ana estaba conmigo, ¿cómo voy a inventar algo así?._

De repente, como un disparo, comenzaron a llegar las imágenes a su cabeza. Era una noche cerrada, llovía a cántaros. Ana, Bruno y su hijita de cuatro años, Alma, iban en el auto. Alma había sufrido un desmayo y las ambulancias no podían atravesar el camino por las inundaciones. Bruno manejaba con mucha prisa e intentaba ver por el parabrisas. Ana iba atrás, junto con su niña desvanecida. Ninguna de ellas llevaba puesto el cinturón de seguridad. De repente Bruno divisó una luz de frente y maniobró para esquivarla, desviándose del camino y chocando de frente con un enorme árbol. Ana y Alma fallecieron en el acto. 

_¡NOOOOO!_ Gritó con todas sus fuerzas al percatarse de su cruda realidad. Cayó al piso, se colocó en posición fetal y lloró desconsolado.

 Las imágenes seguían llegando. El velorio, el entierro y la puerta, la maldita puerta del nicho, pequeña y de madera veteada... 




miércoles, 12 de diciembre de 2018

Yo no olvido








¿Te acordás cuando fui a tu casa? Tal vez no recuerdes, fue hace muchos años, yo era sólo una niña. Fui a jugar a las muñecas con tu hermana y me abriste vos, bastante más grande que yo. Me dijiste que ya venía, que la espere adentro. Yo tenía mis Barbies en la mano, ansiosa por usarlas. Cerraste con llave y no entendí bien por qué. Sin mediar palabra, te me fuiste encima y me tiraste al piso. Mi cuerpecito de nena quedó atrapado debajo del tuyo. Intenté gritar, pero me tapaste la boca. Mis muñecas yacían en el piso y las miré por un instante, como pidiéndoles ayuda. Estaba inmovilizada y mi boca no podía emitir sonido. Con tus manos comenzaste a tocar mi cuerpo de niña inocente. Sólo se escuchaban tus jadeos y el sonido de mis lágrimas al caer. En un rápido movimiento, comenzaste a bajarte el pantalón y luego quisiste bajar el mío. Me sentí morir. Estaba desconcertada, me dolía todo el cuerpo, pero más me dolía el alma. 

En ese momento, golpearon la puerta, era tu hermana que llegó justo, como enviada del cielo a salvarme. ¿Te acordás el sonido de mi llanto al salir corriendo? ¿Te acordás del color de mis ojos a través de las lágrimas? ¿O quizás el portazo que dejé atrás, junto con mi infancia destrozada?

No, no recordás nada. En tu mente perversa fui sólo un juego más. Pero yo sí recuerdo. Por años el peso de tu cuerpo me oprimía el pecho y me despertaba sin aliento por las noches. Yo recuerdo el olor de tu aliento, el sabor salado de tu mano al taparme la boca. Recuerdo mi silencio, mis pesadillas, el temor a que algún hombre me tocara. Recuerdo, años después, al estar con un chico (sin que llegue a pasar más que unos besos) correr a bañarme, llorando y sintiéndome inmunda. 

No, vos no recordás nada. Por años la imagen de tu cuerpo encima del mío me despertaba y yo lloraba en silencio. Por años me dolió el pecho de tanta angustia reprimida.

Yo sí recuerdo y esta herida aún no termina de sanar. Yo sí recuerdo, no he olvidado. Sigo encerrada en un bucle horrible, reviviendo cada instante, volviendo a morir con cada momento de ese nefasto día que creí haber dejado atrás. Sigo siendo esa pequeña asustada que corrió tan fuerte como sus piernitas lo permitieron. Sigo corriendo, huyendo de vos.

Sin embargo hoy, a pesar de todo, me levanto fortalecida, me seco las lágrimas  y sigo adelante, hoy miro al futuro con la esperanza de que nunca, nadie más, tenga que recordar lo que aún está enquistado en mi memoria. 


viernes, 7 de diciembre de 2018

La puerta. Parte I





Ana recorría con asombro e impaciencia cada rincón de su nueva casa. Hacían años que con Bruno, su esposo, habían soñado este momento. Mucho tiempo estuvieron ahorrando, viviendo de prestado, teniendo que resignar viajes y salidas para poder, al fin, acceder a su propio hogar. Observaba desde la ventana de lo que sería su habitación, el amplio jardín que se desplegaba abajo. Imponentes estatuas de mármol le daban un aspecto colonial que ella simplemente adoró. Las galerías iluminadas, los pisos de madera un tanto desgastados por el abandono, las paredes manchadas por el paso del tiempo, ¡todo le resultaba tan mágico! Pocas eran sus pertenencias para tanto espacio. Pensaba en los arreglos que le haría a los ambientes, las cortinas que planeaba poner para tapar un poco el furioso sol de los días de verano, las alfombras, los cuadros que podrían colocar para darle un aspecto más actual, sin resignar sus aires de pasado glorioso.

Absorta estaba en sus pensamientos, cuando divisó una pequeña puerta ubicada al final de uno de los tantos pasillos de la vieja casona. Le resultó todo un misterio encontrar esa diminuta abertura en aquel lugar. Quiso acercarse cuando Bruno la sorprendió por detrás con un abrazo y un beso que la hicieron olvidar la puerta escondida.

-Bienvenida a casa, amor- le dijo él con una cálida sonrisa.
-¡Es hermosa, cielo! ¿Cómo supiste que me iba a gustar?- respondió Ana, emocionada.
-Porque sé cuánto amás restaurar cosas antiguas. Vas a tener mucho trabajo en esta vieja casa.-
-En eso estaba pensando, ¡tengo tantas ideas, vas a ver que va a quedar aún más bella!.-
-No lo dudo, si está en tus manos.-

Se abrazaron, dejándose llevar por la emoción del momento. Luego siguieron bajando el resto de sus pertenencias que esperaban en el camión de mudanzas.


Esa noche estaban exhaustos, se durmieron abrazados, felices de estar viviendo su tan ansiado sueño. A mitad de la noche, Ana despertó al escuchar un extraño ruido. Parecía ser el golpe de una puerta. Quiso despertar a Bruno sin éxito, el pobre había movido cosas pesadas todo el día, estaba extenuado. El golpe se repetía sin cesar y ella estaba asustada. Juntando valor, se levantó de la cama, tomó su linterna y se dirigió hacia el lugar desde donde provenía el sonido. Dobló por un amplio pasillo hasta dar con la galería que terminaba en la pequeña puerta, donde Ana lo sintió aún más fuerte. ¡Alguien está adentro!- pensó-. Corrió en esa dirección e intentó abrirla, pero fue en vano. Al parecer, estaba hinchada por la humedad. Pegó su cabeza a la madera para oír mejor y en ese instante logró escuchar "¡ayuda!". Era una voz de niña, una suave voz. Se la escuchaba cansada, desgastada, casi sin fuerzas. En un momento de adrenalina, pensando que una criatura podría estar en peligro, Ana encontró una vieja hacha y con ella derribó la diminuta puerta que la separaba de lo que fuese que estaba dentro.


Apenas logró romperla, metió su mano, intentando salvar a la niña cuando, de repente, sintió que algo la jalaba con fuerza hacia adentro. Ana gritó pidiendo auxilio a su esposo. Éste llegó corriendo, pero ya era tarde, no pudo hallar a su amada esposa. En su lugar, descubrió una pequeña puerta de madera desde donde escuchó un potente y repentino golpe...

martes, 4 de diciembre de 2018

Aquella noche de placer...




Los mensajes no paraban de llegar, era él, Dante. Hacían dos meses se habían conocido por Facebook y ya la volvía loca con sus palabras. Era inteligente, atento, tierno, pero a la vez desinhibido. No temía decirle lo mucho que deseaba su cuerpo y eso despertaba en Paula la urgencia irrefrenable de sentirlo dentro suyo. Quedaron en verse esa misma noche en el departamento de él. Mientras escuchaba el sonido de su celular, buscaba el atuendo ideal para presentarse ante aquel hombre que lograba en ella lo que nadie antes. 

Eligió una falda negra corta y una blusa roja con encaje en el pecho. Su sostén enmarcaba dos hermosos pechos redondos. Lo eligió del mismo color, por lo que se confundía con la delicada tela que lo cubría. Las sandalias altas que llevaba daban el perfecto final a sus largas piernas. Se soltó el cabello, ondas de un perfecto tono marrón le llegaban a la cintura. Se maquilló y salió a su encuentro. Las ganas de verlo eran enormes, su corazón palpitaba sin cesar. 

Al llegar, golpeó la puerta con una mezcla de ansiedad y nerviosismo. De repente lo vio, más hermoso de lo que sus fotos mostraban. De rasgos masculinos bien definidos, cabello corto, rubio, ojos azules, labios gruesos y un cuerpo tan firme como su evidente erección. No hubo palabra alguna de por medio, se fundieron en un beso húmedo, profundo. Sus caderas chocaban, sus manos ansiosas, exploraban cada rincón de piel. Ya no había vestimenta, ninguno supo en qué momento se habían despojado de ella. Yacía en el piso del living, mientras ambos, desnudos, enredados entre besos y abrazos, se dirigían al dormitorio. 

Dante la apoyó de espaldas en la cama y comenzó besando sus pies muy suavemente, le besaba los dedos, los talones, subió por sus piernas, sin dejar rincón por abarcar. Llegó a sus muslos y los separó con cuidado. Admiró unos segundos ese sexo húmedo y rosado que se abría ante sus ojos. Lo acarició primero con sus dedos, luego con su lengua, con delicados movimientos circulares mientras a Paula le temblaban las piernas y se mordía los labios, en clara señal de disfrute, de placer intenso. Gemía al ritmo en que la lengua de Dante danzaba entre sus piernas. Él se incorporó para mirarla y ella aprovechó para tomarlo de los brazos y tumbarlo en la cama. Vio su miembro erecto, latiendo. Gruesas venas recorrían su extensión; lo introdujo despacio en su boca, su lengua le rozaba la piel, haciendo estremecer su cuerpo entero. Paula se sentía poderosa jugando con él; haciendo que se arqueara para recibir sus caricias con más intensidad. Ella no quería soltarlo, la excitación de tenerlo sometido en ese acto tan sencillo la llenaba de gozo. Dante tuvo que apartarla para poder sentirla como siempre quiso. 


La recostó boca arriba y la cubrió con su amplia espalda. Luego la penetró, sintiendo que su pene se empapaba de ella. Primero hizo movimientos lentos, calculados, mientras le besaba la boca. Luego mordió su cuello y acarició sus pechos, deteniéndose en aquellos hermosos pezones erguidos, a los que pellizcó una y otra vez, haciendo que Paula grite de placer. Sus embestidas se fueron intensificando. Ella las recibía mientras rodeaba las caderas de su amante con sus muslos y con sus manos le apretaba los glúteos, ayudando a Dante a llenarla, a llegar tan adentro que casi no se distinguía el uno del otro. 

Entre miradas y susurros, besos y sudor, se acercaban cada vez más al éxtasis, a la culminación de un momento inolvidable, un momento sólo de los dos. Mientras sus bocas se abarcaban, la excitación acompañaba sus jadeos y gemidos, que se iban convirtiendo en un intenso orgasmo compartido. Final perfecto para dos seres que eligieron encontrarse entre tanta gente perdida...



jueves, 8 de noviembre de 2018

Amar no duele...






Fue un susurro en el viento, 
la palabra no dicha,
la calma de las olas infinitas, 
el vaivén del agua en la paz de la noche.

Fue tu voz, implacable y destructora,
fueron tus besos, que calmaban mis heridas,
tus abazos, confortando mis lamentos,
fue tu fuerza, lastimando mi entereza.

Tan irónico como quien cree que el amor duele,
así decías quererme y yo, absurdamente, me dejaba.
Tan culposo como atento, 
tan furioso, como tierno,
tan estúpidamente débil.



Y así se convirtió nuestro amor en una cárcel.
Me fue imposible escapar de aquel infierno, 
no hubo llanto ni amargura en mi partida,
sólo el alivio de quien abre sus alas y vuela, al fin, libre.



viernes, 26 de octubre de 2018

Hablemos de "gordofobia"...




Se viven tiempos de cambio, de revoluciones varias, de luchas, de rebeldía, de susceptibilidades heridas por doquier. Uno de esos cambios es el intentar aceptarnos y amarnos en cuerpo y alma. Pero ¿cómo amar este cuerpo excedido de peso que todo el mundo mira con desprecio? La palabra que usamos para describir a quienes odian a los gordos es "gordofobia" que, bien disfrazada, puede confundirse con genuina preocupación por tu salud. Voy a aclarar un par de cosas que creo es necesario desglosar:

1. "Preocuparse" y dar consejos con respecto a la salud del gordo es una idiotez de proporciones similares a la panza del mismo. A los únicos que le puede preocupar la salud del gordo es a su médico y a sus familiares y amigos. A vos no te afecta, no es contagioso, nadie te obliga a ser gordo, nadie te aplaude si lo sos. Millones de personas sufren obesidad por causas médicas, sufren por no poder bajar de peso y encima tienen que sufrir el asco y el desprecio del que lo está mirando y aconsejando "por su bien".

2. El gordo tiene espejo y no te está preguntando si está gordo o qué te parece su masa corporal.

3. El gordo tiene derecho a vestirse como quiera, que hayan talles de ropa grandes no es hacer apología de la obesidad, imaginate si de por sí te da asco verlo vestido, cómo sería si no existiera ropa de su talle y tuviera que salir desnudo a la calle.

4. La obesidad es una enfermedad, nadie está feliz siendo obeso, pero a muchos se les dificulta bajar de peso. Si no tenés algo amable qué decir, por favor, no digas nada.

5. La gente gorda tiene sentimientos, tiene ideales, proyectos y sueños. La mayoría trata de concretarlos. Es un ser humano, como vos. Lo que le dicen, le afecta, pero trata incansablemente de aceptarse y amarse a pesar de la mirada de desprecio del otro.

6. Si no te gusta ver gordos, mirá para otro lado. La obesidad lamentablemente va a seguir existiendo hasta que haya un cambio genuino en el modo de asimilar y convivir con la comida, además de muchos problemas hormonales o genéticos. Vas a tener que verlos, tratá de ser amable y empático.

Por último, no disfraces tu asco o desprecio de preocupación, no es necesaria tanta hipocresía. No hagas observaciones acerca del cuerpo de los demás, porque nadie, pero nadie está pidiendo tu opinión. En el enorme proceso de aceptación que tiene el ser humano con su cuerpo, la mirada del de afuera es una mochila con la cual debe cargar todos los días, por más que diga no importarle, le importa ¡y mucho! Tratemos de ser amables, solidarios, humanos. Tratemos de aceptar y aceptarnos tal cual somos. Todos tenemos defectos con los que convivimos, amemos cada uno de ellos porque son estos los que nos hacen únicos.

miércoles, 3 de octubre de 2018

Ese hermoso arte de romper las pelotas...






El otro día iba en el micro, cuando escuché a dos amigas hablando. La charla era más o menos así:
-Ayer Fabi* me dijo que se quería juntar con los chicos el sábado a comer un asado._
_¿Y qué le dijiste?_
_Que no va a ir, porque seguro va la trola de esa de la "amiguis"._
_¿Cuál trola?_
_Esa amiga de la infancia que tienen los chicos, la "Cande"*._
_¿Y si la mina no va?_
_No me importa, igual ya le dije que no. Me embola que quiera juntarse con los amigos._
_Pero no entiendo, ¿vos creés que el Fabi te va a engañar?_
_Todos los hombres engañan._
_¿En serio pensás eso?_
_¿Vos no?_
_No. Si fuera así, seguiría soltera. No se puede vivir dudando de la persona que tenés al lado._
_Y prefiero dudar que lamentar cuernos. Él sabe que mientras esté conmigo, no va a salir con nadie más, ni siquiera con sus amigos._

Yo escuchaba esto y pensaba: ¿En serio algunas mujeres son tan inseguras como para "no dejar" salir a sus parejas con los amigos? ¿En qué momento las relaciones se convirtieron en cárceles? ¿Dónde queda la libertad? ¿Eso es realmente amor?

Reconozco que yo también fui de las que tildan de "zorra" o "trola" a las amigas de sus parejas (de hecho lo pensaba hasta no hace mucho tiempo atrás). Pero algo en mí cambió debido a un proceso que tardó bastante pero se dio, gracias a terapia y a una transformación profunda en mi forma de pensar y ver el mundo. Mi marido siempre tuvo amigas de la vida (de su infancia) y al principio tuve mis dudas respecto a su relación con ellas. Hasta que pude dejar los celos de lado. ¿Por qué? porque empecé a amarme y valorarme y apreciar el valor que él me daba. Entendí que quien te ama puede estar rodeado de tentaciones, pero si te valora, no te va a engañar. Lo más importante es que, si te valorás vos, vas a entender que si te engaña, es él quien no vale la pena. ¿Por qué vivir pensando que en cualquier momento te van a meter los cuernos?

Vivimos momentos en que todo lo que decimos o hacemos puede (y es) usado en nuestra contra, donde las mujeres nos hemos abierto paso hacia el mundo y ganado terreno en muchísimos aspectos. Pero aún no podemos ganar lo más importante: seguridad y autoestima. Le decimos al mundo que "si no te deja salir con tus amigas, es maltrato" pero celamos, perseguimos y limitamos libertades a los hombres que están a nuestro lado por simple inseguridad nuestra. ¿Acaso eso no es maltrato también? He visto parejas rotas por culpa de las redes sociales, por un tema de celos básico. Que si te pone "me gusta" la zorra esa, que si le da "me encanta" a tu foto de perfil que "¿quién es esa que te comenta las publicaciones?" A mí me queda clara una sola cosa: si tu pareja te quiere engañar, lo va a hacer de todos modos y seguramente no va a ser con "la zorra que le da like a sus fotos" sino con cualquier hija de vecina. Supe de un tipo que apenas se iba su mujer al trabajo, se cruzaba la calle e iba a tener relaciones con la vecina, con la excusa de que "en su casa no tenía internet para buscar trabajo". Generalmente el hombre que es infiel, lo es y punto. Y aunque lo llenes de limitaciones, lo va a hacer igual (y probablemente con más ganas aún por toda la rotura de huevos que tiene encima). El tema acá es ¿vale la pena tener atado a tu lado a alguien que no te valora? ¿Es justo vivir una relación plagada de dudas? ¿Es necesario romper las pelotas olímpicamente a alguien que lo más probable es que solamente quiera pasar un lindo rato con sus amigos? ¿No sería mejor que le diéramos la misma libertad que nos gustaría recibir? ¿O acaso te gustaría que te limiten libertades en cuanto a salidas, ropa, gustos, etcétera? ¿Realmente vos dejarías de tener un amigo del sexo opuesto porque a tu pareja le diera celos?

Al fin y al cabo, si tu pareja te engaña significa que no te ama y si no te ama, no sirve de nada seguir a su lado. Lo más sano sería vivir amores más libres, donde la confianza y la comunicación sean pilares. Pero para lograr esto es fundamental que comencemos a despojarnos de nuestra propia inseguridad, de nuestras propias limitaciones y ver las cosas a través de los ojos del otro. Se habla mucho de empatía, pero no creo que se esté aplicando en nuestra vida cotidiana. 

Creo que lo que hace falta es que nuestros amores sean amores de verdad, donde lo más importante sea evolucionar en pareja, creciendo primero como individuos y acompañándonos en el proceso. Sin eso, lamentablemente, no hay amor que aguante...


lunes, 24 de septiembre de 2018

Un poco rotos, un poco locos.



Esta semana me topé de frente con una verdad irrefutable: todos llevamos a cuestas una mochila enorme, a veces tan pesada que no nos permite avanzar. Llegamos a cierta etapa de nuestras vidas con un bagaje emocional que nos impide relacionarnos completamente con personas nuevas. En el amor, como en todo, plasmamos esas emociones, esas "heridas de guerra" y las arrastramos a otras relaciones humanas. 

Por ejemplo; conocemos un hombre que nos encanta, pero en nuestro pasado fuimos engañadas, por ende, dudamos de esta nueva persona, lo celamos, le revisamos el celular, nos enojamos porque alguna mujer le "megustea" una foto en una red social, lo llenamos de reproches y cuestionamientos hasta que se agota y nos deja. 

Otro ejemplo, una persona con algún complejo físico, conoce a alguien
y quiere entablar una relación, pero siempre va a sentirse menos que cualquier otro que rodee a su pareja porque no se quiere, no se valora, no se respeta. Entonces siempre va a sentir que su pareja mira a otra/o y se va a comparar, indefectiblemente, con cada persona que se cruce en sus caminos y va a ser tan miserable que jamás va a poder ser feliz en esa o con cualquier otra relación que tenga en el futuro.

Y así vamos por la vida "infectando" a los demás con nuestro propio veneno. Nos cuesta aceptar que no todas las personas son iguales, que no todos nos van a lastimar, que no podemos andar por la vida estando tan rotos, tan locos, tan llenos de miedos, dudas e inseguridades.

Creo que deberíamos intentar sacarnos la mochila antes pensar en entablar una nueva relación, ya que podemos estar saboteándola desde el día uno. 

Por otro lado, la persona "no rota" debería manejarse con cautela, ya que no todos reaccionamos igual ante las mismas actitudes. Nunca sabremos lo que pasa en la mente y corazón de aquel al que estamos conociendo y podemos llegar a lastimarlo sin siquiera darnos cuenta. 

En estos tiempos en los que ser amables y sensatos es "políticamente incorrecto", donde la bondad está devaluada, donde la burla y el ninguneo son moneda corriente, cuesta abrir el corazón sin salir lastimados. Si le sumamos el poco amor propio al que estamos acostumbrados, el resultado es un fracaso estrepitoso. Aprender a amarnos para poder amar a otros y a estar solos antes de poder vivir en compañía, debería ser nuestra meta. 

Tengo fe en que un día alguien va a poder decir "te amo, pero me amo más" y realmente sentirlo. Sé que se puede lograr, yo lo hice, sólo hay que aprender a valorar cada aspecto de nuestro ser y abrazarlo con todo y defectos. Deseo para todos el amor más puro y sincero, ese que nos hace sentir completos y llenos de vida...

El amor a uno mismo...

martes, 4 de septiembre de 2018

Lo que ellos quieren.


               



Últimamente había una pregunta rondando mi cabeza… ¿Qué quieren los hombres? ¿Por qué hay gente infiel? ¿Qué buscamos en una relación?

Se me ocurrió hacerme un perfil en una red social para buscar pareja. Bajo un seudónimo, pero utilizando mis fotos reales, comencé a charlar con ellos. Mis historias diferían: a veces era separada, a veces estaba en pareja, a veces éramos una pareja abierta buscando nuevas aventuras. Así logré que se abrieran y me confiaran sus secretos. Por razones obvias, no voy a plasmar nombres, edades o ningún dato que viole esa confianza.
Al principio todos querían lo mismo: sexo. No importaba cómo, dónde ni mediante qué vías, ellos querían sexo. Mis historias no hacían más que incentivarlos. Pero de a poco fueron surgiendo cosas muy interesantes. Paso a enumerarlas, porque, si bien algunas eran obvias, otras me dejaron boquiabierta.

FOTOS HOT.

Me di cuenta que los hombres son muy visuales. La mayoría pedía fotos, algunos muy insistentemente. Tuve que poner en mi perfil que no enviaba fotos. Sin embargo, esto no los amedrentó en lo absoluto, los más osados siguieron pidiéndolas, encontrándose de plano con un inminente bloqueo.
El tema “fotos” es muy amplio, ya que al parecer, pavonear la salchichita criolla por redes sociales es un hábito muy arraigado en algunos. ¡No se dan una idea la cantidad de falos que tuve que bloquear!  Es ese orgullo que tienen por su miembro lo que me desconcierta en verdad.

INFIDELIDAD

En este tema quiero ahondar, porque el 80% de los hombres que pululaban por ese sitio eran casados o estaban en pareja. Estamos hablando de tipos lindos, con trabajos estables, simpáticos, creativos, etc…  Obviamente comencé a sonsacarles los motivos por los cuales estaban ahí. Fue muy interesante lo que descubrí: todos, absolutamente todos, me dijeron que amaban a sus parejas, que eran muy felices, pero que no tenían sexo con la frecuencia o calidad con la que les gustaría tenerlo, también me confesaban que sus parejas no querían cumplir sus fantasías o se rehusaban a experimentar cualquier cosa que no fuese el “misionero”. La frecuencia con la que les gustaría tener sexo variaba de uno a otro, pero todos se hubiesen conformado con tenerlo al menos una vez por día. Las fantasías eran bastante predecibles:  tríos, swinger, voyeurismo. Y las menos buscadas fueron un par que me asustaron (las voy a excluir, porque era para internarlos, directamente). 
Les pregunté a todos si habían intentado hablar con sus parejas abiertamente acerca de sus inquietudes sexuales y la respuesta fue que sí, pero que les había traído demasiadas discusiones, por eso optaban por crear esos perfiles y conquistar por ahí. Uno en particular, casi se divorcia porque su mujer no quería bajo ningún punto de vista complacer su fantasía de ser sodomizado, orinado y defecado por otro hombre mientras ella lo miraba (pobre mujer, la compadezco con toda el alma).
Me enfoqué bastante en hablar con los “piratas” para saber si, al margen del sexo, había algo más que los llevara a estar buscando encuentros por redes sociales. Mis preguntas siempre obtenían las mismas respuestas: solamente les faltaba sexo, en cantidad o en calidad. Algunos me confesaban que sus parejas no querían siquiera practicarles sexo oral, lo que les hacía buscar cumplir sus deseos con prostitutas y que la otra opción era desquitarse con alguna chica que conocían por chat.

AMISTAD CON DERECHOS

Los solteros que encontré fueron muy directos. Estaban ahí para tener encuentros casuales. No amor, no amistad (aunque esta no les molestase) sino sexo. Parejas sexuales sin involucrar sentimientos, mujeres con las que pudieran reír y ser ellos mismos, pero sin ataduras. Unos me contaron que tenían varias y que con ninguna había amor. Que se mensajeaban o llamaban cuando tenían ganas, hacían lo suyo y se iban. Esto me llamó mucho la atención, porque pensé que es muy sencillo ir por la vida sacándose las ganas sin arriesgar el corazón en el intento, pero también pensé en todos aquellos que “aman” a sus parejas, pero les mienten para sacarse las ganas con otras. Arriesgando años de relación por un poco de sexo casual. Realmente me pareció mejor opción la primera.

LO QUE ELLAS BUSCAN

Un aliado me ayudó e investigó el tema de las mujeres. En ellas había un factor común: o buscaban amistad, o buscaban al “príncipe azul”. Se mostraban reservadas, esquivas e indiferentes hasta que algo les llamaba la atención. Lo interesante era que querían alguien que las contuviera, que las escuchara, que las entendiera. Pocas eran las osadas, las sinceras, las que iban de frente y decían lo que realmente pretendían. Poquísimas las que buscaban solamente sexo. Las más lindas se portaban indiferentes con el “tipo promedio” y sólo se comunicaban con el musculoso con plata. Algunas de estas fueron hasta agresivas con mi socio por decirles un simple “hola”. Lamentable los papeles de ellas al momento de ser encaradas, realmente me sorprende la cantidad de mujeres que creen que por tener un buen cuerpo, tienen derecho a ser agresivas con los hombres que intentan iniciar una conversación respetuosa (soy testigo de esto, él fue extremadamente cordial y amigable con todas ellas).

ELLAS Y LA INFIDELIDAD

Entre la minoría se destacaron un par de “piratas femeninas”. Mujeres comprometidas que buscaban satisfacer necesidades. ¿Qué necesidades? La de ser escuchada, comprendida, la de no ser ignorada por sus parejas. En estos casos, coincidió que el tema sexual no era “EL” problema, sino uno más dentro del mar de ninguneo en el que se encontraban sumergidas.  Lo que ellas querían era simplemente un compañero, un par, un amigo, un confidente. Pocas fueron las que encararon o las que se dejaron llevar por alguna insinuación “subida de tono”. Simplemente no estaban ahí para eso, las piratas ni las solteras. Las casadas eran un poco más comunicativas con él, mientras que las solas se mostraban bastante más reacias a mantener una buena conversación.
Cabe destacar que hubieron un par de chicas que se “enamoraron” de mi amigo. Coincidentemente eran mujeres con muy baja autoestima que, al ver que él era atento y cariñoso, crearon un vínculo más allá del que nos habíamos planteado al principio. Fue muy notoria la falta de amor a la que estaban acostumbradas, falta de amor hacia ellas mismas, principalmente.

El tema de la infidelidad marca una diferencia abismal entre los comportamientos de hombres y mujeres, mientras ellos enfocaban sus falencias en el tema sexual, ellas lo pasaban por alto, planteando la carencia afectiva como un grave problema en su pareja. Sentirse contenidas, amadas y apoyadas por sus compañeros de ruta era, sin dudas, lo que más necesitaban en una relación.

Perlita: Reacciones ante la “pareja abierta”.

Utilicé muchas veces este tema para explicar mi perfil en esa red social de chats y citas… Mi socio lo hizo también. Las reacciones por parte de ellas y ellos fueron asombrosas. Mientras que las mujeres se dedicaron a juzgar a la mujer de dicha “pareja abierta” y ser firmes en el “yo no compartiría lo que es mío”; los hombres se mostraron asombrados para bien; destacando que era más sano eso que andar de trampa (incluso los que estaban de trampa) y deseando que sus compañeras en algún punto accedieran a hacer lo mismo.


 El comportamiento frente a un planteo “liberal” como este, denota las enormes diferencias que nos separan. Las formas de encarar una conversación con el sexo opuesto, nos da la pauta de que, en el tema amor, nos distinguen muchísimas cosas, pero la principal no creo que sea la falta de sexo o de contención, sino la falta total de comunicación y sinceridad.  El hombre se siente insatisfecho sexualmente, por ende, busca suplir esas falencias, mientras que las mujeres buscan desesperadamente atención, contención y alguien que las escuche. Entonces, me pregunto ¿y si nos encontramos en el medio? ¿No sería todo muy distinto si supiéramos expresar lo que en verdad necesitamos? ¿Por qué, en vez de aparentar algo que no somos, no abrimos nuestro corazón a quienes decimos amar y nos hacemos cargo de lo que nos falta?  ¿Por qué la necesidad de mostrarle al mundo que somos perfectos, que lo tenemos todo?

Cada vez me convenzo más que lo que nos pasa día a día nos lo buscamos; porque no somos capaces de ir de frente ni siquiera con nosotros mismos. Nos mentimos y engañamos a quienes nos rodean, damos una imagen impecable por fuera, pero por dentro nos consumimos en nuestra propia miseria.
No puedo concluir esto con otra cosa que no sea asombro. Asombro y desazón. Porque pensé que encontraría la excepción que confirmara la regla, alguien sincero, de sentimientos genuinos. Fallé estrepitosamente. Fallé en creer que las personas podrían ser  sinceras o genuinas. Todos somos reflejo de eso que tanto detestamos: la mentira en su máxima expresión.