miércoles, 9 de diciembre de 2020

“De eso no se habla”

 Masturbación. ¿Tabú o sana costumbre?


                        


                                  

                                 

El diccionario define a la masturbación como la estimulación de los órganos genitales (femeninos o masculinos) con el objeto de obtener placer sexual, pudiendo llegar o no al orgasmo (siendo este el objetivo principal en el mayor de los casos). La misma puede realizarse por uno mismo, en solitario, o sobre los genitales de otra persona (masturbación mutua). Puede efectuarse solamente con la mano o con ayuda de juguetes sexuales. 


Hasta ahí vamos bien, ahora, ¿por qué sigue siendo un tema tabú en la sociedad? (más que nada, la masturbación femenina). Desde el principio de los tiempos, en las sociedades antiguas, esta práctica se consideraba un acto natural y era celebrada. Sólo con la llegada del catolicismo, la misma fue condenada y acusada de promover enfermedades graves, que iban desde gonorrea hasta ceguera, por nombrar algunas. 


La connotación que se le da al acto masturbatorio no depende solamente de las creencias que cada uno tenga, sino que socialmente se la ve ligada a personas ociosas y depravadas por lo que, aun cuando es una acción que busca placer es, para muchos, un acto vergonzoso que genera culpa y miedos. “El sentimiento de culpa que despierta la actividad masturbatoria surge de la actitud que toman los adultos y de sus expresiones basadas en los valores sociales y culturales que han aprendido. Masturbarse no deforma los genitales, ni saca pelos en las manos, ni es un acto perverso. No hace daño”. (Fuente, Diario Clarín, cita textual de la Lic. Andrea Gómez).


 La búsqueda de placer por medio de la exploración de nuestro cuerpo está presente desde pequeños, siendo completamente natural en esta etapa de nuestras vidas. Entonces ¿por qué esconderla, sentir culpa o temerle? Veremos algunos beneficios de la masturbación, para poder quitarle lo “socialmente inaceptable” a este acto tan natural del ser humano.


                                


BENEFICIOS FÍSICOS:


PREVIENE LA DISFUNCIÓN ERÉCTIL Y LA INCONTINENCIA.


Esta práctica favorece el flujo de sangre y oxígeno hacia los músculos que rodean los genitales, haciendo que se fortalezcan y se eviten estas dos patologías. Se recomienda practicarla de tres a cinco veces por semana para obtener resultados favorables.


PROLONGA EL ACTO SEXUAL


La masturbación realizada al menos una hora antes de un encuentro sexual, puede retrasar la llegada del orgasmo durante el coito.


FORTALECE EL SISTEMA INMUNE


En la eyaculación se libera una hormona llamada cortisol, que ayuda a regular el sistema inmunológico, favoreciendo su fortalecimiento. Un estudio en 2004 concluyó que los hombres tenían más glóbulos blancos 45 minutos después de tener un orgasmo en solitario. Además, la liberación de fluidos, ayuda a limpiar los conductos de bacterias y así evitar infecciones. 


MEJORA EL ESTADO DE ÁNIMO


En la masturbación se liberan sustancias neuroquímicas como la dopamina y la oxitocina. Las mismas aumentan la satisfacción y el bienestar. En el orgasmo se produce más liberación de dopamina que en cualquier otra actividad que realicemos.


COMBATE EL INSOMNIO


Al tener un orgasmo, liberamos prolactina, serotonina y oxcitocina en nuestro cerebro. Todas ellas relacionadas con sentimientos de felicidad y relajación. Es el mejor remedio natural contra el insomnio y la ansiedad. La práctica antes de dormir nos ayuda a conciliar el sueño y descansar profundamente.


MEJORA LA PIEL.


La oxcitocina liberada en el clímax hace que los vasos sanguíneos se abran, reduciendo la inflamación, mejorando el tono de la piel. También se logra disimular granos y erupciones cutáneas.


AYUDA A REDUCIR DOLORES (MENSTRUALES Y EN GENERAL).


Las hormonas liberadas durante el orgasmo, actúan como analgésico y antiinflamatorio naturales, logrando reducir hinchazón, molestias y dolores en nuestro cuerpo. Se recomienda hacerlo durante la menstruación para aliviar síntomas.


Por último (y a modo de conclusión), la masturbación ayuda no sólo a conocer nuestro propio cuerpo y explorar nuestras áreas de mayor placer aprendiendo a estimularlas, sino también favorece en nuestras relaciones sexuales con otros, ya que estando conscientes de nuestras zonas erógenas y cómo estimularlas para producir mayor placer, podemos guiar a nuestra pareja a un mayor goce en el encuentro. 

En mi opinión, que la masturbación sea tema tabú aún en nuestros días, no es sino una arcaica forma de represión de nuestro placer que nada tiene que ver con enfermedades o morbo. El conocimiento y disfrute de nuestro propio cuerpo es un acto íntimo que no debería ser censurado ni estigmatizado. Confío en que en algún momento, no muy lejos en el tiempo, podamos hablar de esto sin tapujos y con pleno conocimiento del deleite que nos puede brindar esta práctica tan antigua como natural. 



Betsabé Salomón








martes, 1 de diciembre de 2020

Perros del infierno



Es de noche... el cursor parpadea en la pantalla y las ideas no llegan. A lo lejos, el ladrido de un perro distrae mis pensamientos. El silencio del barrio hace que el sonido sea cada vez más intenso. "Guau! Guau!" se repite con la precisión de un reloj suizo. Pausado, incesante. Me desespera un poco, dispersa mis vanos intentos por escribir algo que valga la pena. Siento que se acerca, cada vez más estridente, más ordenado. Comienzo a sentirme como un condenado a muerte viviendo sus últimos momentos. El ruido de la calle ha cesado hace rato. Ya no puedo oír más que eso. "¡Guau! ¡Guau!" De repente se me ocurre pensar que puede ser un presagio, o quizás una advertencia. Los he oído nombrar. Aquellos seres demoníacos que acechan a las almas condenadas. Tal vez me vengan a buscar. No he sido una buena persona: he insultado, humillado, golpeado, violado y matado en mis historias. En la vida real, solamente me importaba el dinero, la fama. Tal vez vendí mi alma, no sería extraño pensarlo. Mis escritos, mediocres, sin vida, se vendieron con inusitada exageración. 

Intento recordar si hice un intercambio, pero solamente puedo pensar en el infame ladrido que cada vez se escucha más cerca. Casi puedo sentirlo, desgarrando mi carne. El olor a sangre y el suplicio de saber que la vida se me escapa. Pero no llegaban. Solamente me ensordece el ladrido y mi desesperación se acrecienta. Quiero gritar, pero mi voz se ha apagado. Quiero correr, pero mi cuerpo no responde. Siento una intensa parálisis del sueño, pero sin haberme acostado. No recuerdo haber dormido hace días, no recuerdo haber comido o bebido. ¿Qué clase de brujería es esta? Las lágrimas caen al ritmo del sonido que ahora se hace ensordecedor. Siento que ya están acá, abriendo la puerta, los intentos por moverme resultan infructuosos. Cierro los ojos con fuerza y me encomiendo a Dios en un acto desesperado por redención. 

El último ladrido, me entrego...

Abro los ojos y me encuentro mirando el titilar del cursor en la pantalla. Levanto la cabeza en dirección al cielo y agradezco, con los ojos llenos de lágrimas.

De repente, a lo lejos, se escuchan otra vez... acompasados, inevitables... los nefastos ladridos de la muerte.


miércoles, 9 de septiembre de 2020

Revelaciones.





 

"¡Queréte un poco!" dicen... Queréte un poco... ¡como si fuera fácil quererse en un mundo que te recuerda constantemente lo que te falta, lo que pudiste ser, lo que se pretende de vos, lo que se espera! 

¡Queréte un poco! y enfatizan, vociferan, pregonan su brutal sabiduría, serenos, en calma. Palabras necias, oídos sordos, miradas crudas, sabor a nada.

¡Queréte un poco! ¿Quién les dijo que no me quiero? ¿Quién les dijo que no lo intento? 

¿Realmente me quiero? Preguntas sin respuestas, incógnitas que vaticinan noches en vela. 

¡Queréte un poco! y el nudo en mi garganta se desespera por salir, por gritar y acallar al mundo entero. Lágrimas que se agolpan y nublan mis ojos, cansados de no ver.

Malditas palabras, despiadadas, insípidas. Malditos puñales por la espalda. Maldito dolor que no se calma.

Una vez más el espejo y su reflejo. Comienzo a mirar y poco a poco las palabras ya no suenan a puñales desgarrando mis entrañas. Suavemente recorro mi figura con otros ojos, otras ganas. Lentamente reemplazo el dolor por esperanza. 

¡Queréte un poco!... tal vez lo hago. 

Tal vez esa imagen que se dibuja en el espejo no sea lo que se esperaba. Tal vez ha llegado más lejos, ha subido más alto, ha ganado más batallas que nadie. Quizás ha llorado tanto, que la sal derritió la muralla de hielo que rodeaba su corazón. Tal vez salió hace tiempo de la prisión de "lo que se esperaba". 

Tal vez mutó tanto que ya no supo hallarse. Quizás floreció, renació, tocó fondo y aprendió. Tal vez ya no es aquella niña de la que se esperaba poco y nada... Tal vez, sólo tal vez, "¡Queréte un poco!" ya no duele, porque aprendió a amarse tanto que hasta le crecieron alas. 

domingo, 23 de agosto de 2020

Maldito tic-tac.



"Puedo poner un cuadro en esta esquina, por allá una lámpara para leer mis libros, en el patio de luz voy a colgar una hamaca y muchas plantas." Pensaba Emma, mientras descargaba caja tras caja del camión de mudanzas. Al fin tenía su casa propia, donde podría ver crecer a su hermoso hijo. Mateo tenía dos añitos, era un pequeño muy sano y alegre. Al cabo de un año, su vida se había derrumbado cuando Franco, su esposo, los había abandonado sin dejar rastros. Nunca dijo por qué, simplemente se fue y no regresó nunca. La incertidumbre de su partida fue lo peor de todo. El no saber la destrozaba. Por suerte, fue promovida en su trabajo y cobró una comisión tan grande, que pudo comprar una casa para poder empezar de nuevo. El inmueble era casi nuevo, no muy grande, pero tan bien diseñado, que sus espacios proporcionaban una comodidad y practicidad que le hacían imaginar un mundo de posibilidades. Contaba con tres habitaciones, una para ella, una para Mateo y la otra sería su estudio y biblioteca. Emma amaba leer, su colección era vasta y ecléctica; no había género que no despertara su interés. Absorta en sus pensamientos, no se percató de la presencia de su mejor amiga. Ágatha había estado en su vida desde la más tierna infancia. Eran inseparables, compartían todo y se complementaban a la perfección. Por ello, la había nombrado madrina de su pequeño. Emma la había notado un poco distante el último año y pensaba que tal vez se debía al abandono de Franco. Creía que su amiga se sentía incómoda con su tristeza. No podía culparla, no había sido muy divertido compartir momentos con ella en ese tiempo tan oscuro.

_No quise interrumpirte, se ve que estás feliz y quise dejarte disfrutar esto, Emma._ Dijo Ágatha, visiblemente emocionada.
_¡Amiga de alma, gracias por compartir esto conmigo! ¡Al fin puedo volver a sonreír!
Se fundieron en un gran abrazo de felicidad absoluta.
_Te traje un regalo. Lo hice yo misma. Dijo Ágatha, entregándole un hermoso paquete que Emma recibió con entusiasmo.

Al abrirlo, Emma descubrió un enorme reloj de madera labrado. Su amiga era una muy hábil artesana, sus trabajos despertaban admiración en todos aquellos que los veían. Su éxito había crecido considerablemente por la calidad, el detalle y la pulcritud que se demostraba en cada detalle de sus creaciones.

No pudo evitar lanzar un suspiro de genuina admiración. Sus ojos se llenaron de lágrimas. La abrazó fuerte y le agradeció el regalo con efusivas muestras de afecto. Entre las dos planearon dónde colocarlo. Decidieron que el comedor, cerca de la entrada sería lo ideal. Para que todo el que entrara pudiera ver esa exquisita obra de arte. Emma estaba tan entusiasmada con el reloj, que comenzó a buscar muebles que estuvieran a la altura del mismo. No paraba de observarlo, a veces por horas. Su acompasado "tic-tac" le resultaba tan hipnótico, que con cada segundo que pasaba, su mente se aquietaba y sus pensamientos se calmaban. En pocos días pudo terminar de decorar su hogar. Tenía mucho trabajo atrasado, por lo cual, se encerró en su estudio para poder avanzar. Por suerte, Mateo era un niño tranquilo que solía dormir siestas muy largas. Como el estudio y la habitación del niño estaban comunicadas por una puerta que Emma siempre tenía abierta, estaba en paz con la idea que su retoño estuviera seguro a su lado. Tan absorta estaba en su labor, que no se percató que el pequeño había trepado su cunita y salido detrás de ella, hacia el comedor. Sentado frente al reloj, había quedado inmóvil, mirándolo fijamente. 

Habían pasado dos horas desde que comenzó a trabajar, cuando Emma fue hasta la cocina a prepararse un café y la leche para despertar a Mateo cuando lo vio. Quieto, callado, como en trance. Lo levantó, lo abrigó y le dio la mamadera. No entendía cómo podría haber llegado hasta ahí sin que ella se hubiese percatado. De hecho, comenzó a darse cuenta que no tenía registro del tiempo que había pasado, de lo que había hecho desde que entró a su estudio hasta ese instante. Comenzó a inquietarse. Un dolor de cabeza se apoderó de ella, al punto que tuvo que llamar a una ambulancia. La trasladaron al hospital e hicieron muchos estudios que concluyeron que no tenía absolutamente nada. "Seguro es estrés, las mudanzas pueden traer estas consecuencias" le dijo el Neurólogo del nosocomio. Le recetó tranquilizantes y reposo. "Venga a verme en una semana para hacerle otros exámenes", le dijo. La saludó cordialmente y Emma se retiró, con más dudas que certezas. Al pasar los días el dolor de cabeza fue reemplazado por un letargo que la postró en la cama. Desde allí podía escuchar en "tic-tac" de su amado reloj. Era lo único que la calmaba. Comenzó a descuidar a su hijo, a tal punto que la criatura comenzó a enfermarse. Sucio, con sus pañales sin cambiar. Sarpullidos aparecieron en su zona pélvica, y a desparramarse por su descuidado cuerpito. Una mañana, Ágatha apareció de improvisto. ¡El panorama era desolador! Platos sucios acumulados, Mateo debajo del reloj, en evidente mal estado. Emma en la cama, sus ojos estaban completamente abiertos, pero ella no respondía a los llamados desesperados de su amiga. Esta, al ver el estado de la casa y sus habitantes, llamó al servicio de emergencias y se llevó al niño para cuidarlo mientras descubrían qué le pasaba a Emma. 

Tras una semana de internación, Emma había mejorado considerablemente. Pudo volver a su casa con su hijito. Pasado un tiempo, volvió a sumirse en la alienación, en un reposo hipnótico. Una noche, mientras dormían, se levantó de su cama y fue hacia la habitación de Mateo. Lo alzó y se lo llevó al comedor. Ambos se sentaron debajo del reloj. Emma comenzó a escuchar una voz que resonaba en su cerebro. Fuerte y claro escuchaba dos palabra: "matalo", "salvalo". Se repetían cada vez más fuerte, resonando en su cerebro como un incesante eco infernal. Comenzó a amanecer. Emma no pudo soportar más esas voces y decidió acallarlas. Fue hasta la cocina y tomó su cuchillo de cortar carne. Ese cuchillo, enorme y afilado iba a ser su salida del suplicio que la aquejaba. Se acercó a Mateo, que la miraba con sus ojitos llenos de amor. Intentó clavarle la hoja al pequeño, pero no pudo... Tal vez haya otra salida... Tal vez pueda salvarlo... de mí...  Con los ojos llenos de lágrimas, le dijo "te amo" y enterró el afilado cuchillo en lo más profundo de sus entrañas. Su hijo lanzó un llanto y se quedó a su lado, empapándose en su sangre, que pronto llenó el piso a su alrededor. 

Ágatha entró al poco tiempo, alzó al niño y marcó un número en su celular: _¡Hola, amor! Ya está hecho... Te llevo a tu hijo apenas se vaya a policía. Al fin somos tres. Te amo._



domingo, 5 de julio de 2020

Mi pequeña niña.




Mi pequeña niña ha crecido...
ya no sueña sueños de algodón y caramelos,
ya no juega con muñecos,
ya no vive un cuento eterno de hadas y duendes.

Mi pequeña niña está creciendo,
pronto verá la vida con ojos de mujer,
conocerá la desazón y la desdicha,
aprenderá de sus errores,
celebrará sus aciertos.

Mi pequeña niña ya no es pequeña,
es enorme, es inmensa como su corazón y etérea como el cielo.
Mi pequeña niña se divide en cuerpo y alma, está en conflicto. Es tempestad y calma...
es desvelo y lucha interna,
es sonrisas y lágrimas, triste letargo y estridente euforia.

Mi pequeña niña ya no pide brazos de papá y mamá aunque los necesite, hoy más que nunca.
Mi pequeña amada pronto saldrá a jugar a la vida de verdad.

Mi pequeña gran niña pronto dejará el calor de mis alas y volará, muy alto, con alas propias.

viernes, 8 de mayo de 2020

Inerte...



Reducida e inerte, su alma se debatía entre la vida y la muerte.
Su desprecio por el mundo ya no era razón suficiente.
Su vida se escapaba en el silencio de la gente.
Quiso gritar, pero su cuerpo desgarrado
se burlaba de su mente.

Un vacío inmenso se anudaba en su vientre.
La soledad, arraigada en su garganta,
como un grito desolado de frustrada venganza.

Nunca un muro fue tan alto como aquel que la encerraba.
Nunca un llanto tan amargo como el que en su garganta se agolpaba.

Quiso gritar, pero nadie escuchaba, quiso escapar, pero nadie la buscaba, se dejó morir, pero nadie, ya nadie la extrañaba...

martes, 14 de abril de 2020

Transformación.



Algún día miraremos para atrás y recordaremos cómo todo cambió culpa de una pandemia. Cómo el mundo que conocíamos se desvaneció de repente. La vida que apredimos a amar se convirtió en otra, una que se asemeja bastante a una prisión domiciliaria.

Estamos varados en un mar de incertidumbre. Intentando cuidarnos y cuidar al otro. Un acto de amor enorme, que conlleva dolorosos sacrificios. Algunos lo pasan mejor que otros, unos florecen, aprenden, mutan. Otros se hacen uno con el sillón y se quejan. Pero todos lo transitan como mejor pueden, como mejor les sale. La solidaridad está reemplazando al consumismo, la naturaleza gana terreno ante los seres humanos. La noche se llena de silencios que inundan de soledad la oscuridad. Y sin embargo, estamos aprendiendo a sacarle provecho a lo que nos pasa. Sacando sonrisas de la galera y así nos vamos transformando en magos de la vida, en alquimistas de momentos que en otras circunstancias serían considerados insignificantes.

Sorprende darse cuenta que se desdibujaron muchas grietas y que estamos todos tirando para el mismo lado. Luchando por salir a flote y a la vez dando la mano al que más lo necesita. Todo esto conmueve hasta la médula.

No tengo dudas que se vienen momentos duros a nivel económico, pero la capacidad de transformación que tenemos los humanos es inmensa, por eso confío que vamos a salir fortalecidos, renovados, con ganas de aprovechar cada oportunidad que la vida nos ofrezca. No va a ser fácil, pero eso ya no importa, porque estamos acostumbrados a resurgir de las cenizas.

Espero de corazón que lo que venga sea la mejor versión de cada uno de nosotros y que el amor sea la premisa que guíe nuestros pasos de ahora en adelante.

¡Fuerzas! Estoy con vos, estamos juntos.

viernes, 24 de enero de 2020

Que todo fluya.




La premisa que roba mis pensamientos...
"Que todo fluya", que la vida siga su inevitable curso.
Que sea lo que tenga que ser,
sin forzar lo que nunca llegará.
Dejar todo al destino y dejarse llevar.
Que todo fluya, que nada opaque nuestra forma de andar.
Que la calma nos abrace el alma.
Dejar que las cosas sucedan sin sufrir el desenlace.
Lo que tenga que ser, será.
Que fluya todo pero sin quedarnos quietos.
Salir a buscar momentos,
a conquistar oportunidades que creíamos perdidas.

Dejar que fluya no es sumirnos en quietud, no es aceptar pasivamente lo que venga sin luchar.
Es buscar y dejarnos encontrar, es amar sin poseer, es soñar en grande con los pies sobre la tierra.

Lo que tenga que ser, será...
Que todo fluya y nada más...

A mi amiga María Elisa... ❤

martes, 14 de enero de 2020

Mi karma.




Migajas de amor, mendigos de nada,
absurda ilusión con sabor a calma,
aroma a mar, a noche estrellada,
vagando sin rumbo, sin patria, sin alma.

Remedio que en vez de curar, mata.
Rapsodia sin música, moviendo a las masas.
Tu adiós en mi pecho, un grito en tu garganta,
moriste de sed, de olvido y nostalgia.

Disparos al cielo, plagados de rabia,
de simples mortales que venden sus almas,
robarle a la vida un susurro de esperanza,
por encontrar algún amor en cualquier plaza.

Deseos al viento, palabras que matan,
un vacío en mi pecho, tu dolor es mi karma.



miércoles, 20 de noviembre de 2019

Segunda de nadie...



Maldita soledad que me envenena,
silencio póstumo de un amor condenado al fracaso.

Sumida en decadentes abrazos pasajeros
fui cayendo en miserias, en desvelos sin retorno.

Tus besos, vacíos de sentido
y un "adiós" despreciable, con gusto a nada...

La segunda de nadie,
la última en saberlo,
la desdicha de esperar un milagro en vano.

Fuimos el despojo de cariños de otros besos,
miradas de otros ojos mancillados de nostalgia...

Y en medio de todo y de nada, fuimos luz y sombra de fugaces momentos derrochados.


sábado, 26 de octubre de 2019

Ansias de tenerte.



Tengo ganas de hundirme en un abrazo,
de morir en un suspiro de nostalgia arrebatada...
sumergirme en besos de sedientos labios.
Ganas de navegar y naufragar en mi anhelo de llenarte.

Tengo ganas de soñar con tus ojos,
Suplicarte que me llenes de deseos incumplidos.
Arremeter contra tu cuerpo 
con la furia de la marea nocturna.

Tengo necesidad de tus manos en mi vientre,
desgarradora necesidad que no cesa.
Solitaria luz de luna que me alumbra
y me desangra de pasiones desatadas.

Tengo, quiero y necesito
sentir tu piel en mis entrañas.
Triste lamento, ingrata obsesión,
clamor de una pasión sin amor, 
ardor de una herida que nunca sana.


sábado, 24 de agosto de 2019

Despiadada obsesión...





Rocío no sabía explicar qué era lo que le llamaba la atención de Marcos. ¿Era su barba negra y tupida? ¿Tal vez el tatuaje en su hombro? ¿Su extraño y despreocupado modo de caminar? No podía saberlo, pero algo en él despertaba sus más bajos instintos y el hecho de que su vecino no pareciera pensar igual, no mermaba su interés, sino todo lo contrario. Vivían al lado, en un viejo edificio del centro, demacrado por el paso del tiempo. Sus paredes añejas, le daban un aire de foto de revista de decoración rústica. Los separaba una delgada pared, mediante la cual ella intentaba adivinar los movimientos de su amor platónico. Podía escuchar cuando su alarma sonaba, sus pasos al ir al baño, la vieja canilla quejándose al abrirse para recibir su cuerpo desnudo, antes del baño rutinario.

Rocío oía todo, saboreaba a la distancia cada poro de la piel de ese hombre que le quitaba el sueño. Se masturbaba pensando en recibir sus besos, sus caricias, su cuerpo entero. Imaginaba mil formas de darle placer.

Así pasaron meses en los que su frondosa imaginación la llevaron al borde de la locura. Un día se le ocurrió un plan para llevarlo a su departamento. Rompió la cerradura de Marcos y esperó, ansiosa, a que él regesara del trabajo. Al hacerlo, por obvias razones no pudo entrar. Ella salió y le ofreció quedarse en su casa hasta que el conserje llegara (era la hora del almuerzo y el anciano solía tomarse su tiempo para regresar al trabajo). Marcos estaba cansado y hambriento. El delicioso aroma que emanaba del hogar de su vecina lo hizo aceptar de inmediato su oferta. Comieron y hablaron de todo, sintiéndose totalmente a gusto el uno con el otro. Al terminar, algo los hizo fundirse en un beso apasionado. Librándose de sus vestimentas, se recorrieron en un abrazo lleno de fuego. El plan de Rocío había funcionado, él al fin era suyo. Se sentía tan afortunada, que pensó que era un sueño, pero no, él yacía desnudo en su cama y ella ahora succionaba su pene erecto mientas lo observaba arquearse y moverse al ritmo de su lengua. Se trepó y lo abarcó con su humedad , cabalgando su montura de sudor y piel caliente. Dejó que ese hombre la poseyera por completo, que disfrutara cada orificio que su cuerpo le ofrecía. Al cabo de una hora de lujuria y desenfreno, cayeron exhaustos uno al lado del otro. Rocío se levantó y le ofreció agua. Marcos aceptó, su garganta estaba seca y necesitaba reponerse. El agua le supo un tanto extraña, pero de todos modos, bebió el vaso entero sin parar. Ella se recostó a su lado y comenzó a acariciarlo. Él se dejó, no tenía fuerzas para negarse. De pronto, un fuerte mareo lo alertó. Ella le susurró que se dejara llevar... Pronto se sumió en un profundo sueño, mientras Rocío, con pasos medidos y una mirada de paz aterradora, tarareaba una canción de cuna para quien era ahora su eterno prisionero...

jueves, 8 de agosto de 2019

Ese bendito frijol...




Hoy, 8 de agosto, se celebra el día del orgasmo femenino. Por este motivo, me llegó un artículo que decía que el 30% de las mujeres en edad adulta, no han experimentado nunca un orgasmo. Esto no deja de asombrarme. En una época en la que las mujeres hemos avanzado tantísimo en materia de derechos e igualdad, que no conozcamos nuestro propio cuerpo es lamentable. Que dejemos nuestro disfrute en manos de otros, en vez de buscarlo solas, también lo es. Porque nos estamos perdiendo lo mejor del sexo cuando no sabemos recorrernos, acariciarnos, llegar al punto del clímax, ese instante único en el que se desdibuja el mundo en pos de nuestro placer. De igual modo, al relacionarnos sexualmente con otros, no verbalizamos nuestros deseos, dejando que nuestra pareja sexual deba "adivinar" nuestros puntos de excitación, perdiéndonos gran parte del disfrute de a dos, por no saber qué nos hace llegar y disfrutar a la par del otro.

Que muchas mujeres sigan considerando tabú este tema, escondiéndolo como si fuese algo vergonzoso, algo sucio, es nefasto. Porque nos debemos la enorme satisfacción de explorarnos hasta el último rincón, nos debemos la fascinación de esa cosquilla hermosa, ese arrobamiento que nos regala cada orgasmo. Nos debemos amar, porque tenemos el derecho de sabernos enteras, de palpitar al ritmo de ese bendito frijol mágico que la naturaleza nos regaló.

Así que ¡vamos mujeres! ¡Anímense! Tóquensé, ámense, rocen cada parte de su cuerpo con la convicción que nadie, en el mundo, va a saber hacerlo mejor que ustedes mismas...

domingo, 2 de junio de 2019

¿Hablar o fingir?




Hace unos días, una amiga nos contaba de un encuentro sexual un tanto infructuoso. Había conocido a un hombre por Facebook y después de varios meses de mensajes y cachondeos, pactaron un encuentro. El flaco en cuestión, había hecho lo que creyó iba a lograr que ella tuviera un orgasmo sí o sí. Esto fue: tener un miembro de gran tamaño (cosa totalmente irrelevante en muchos casos) cambiar de posiciones muy seguido y bombear durante 45 minutos. Cuando terminaron, él le preguntó si había llegado y ella le dijo que no, pero que no importaba. El caso era que estaba ofuscada porque casi no había habido juego previo y en ningún momento el tipo le estimuló el clítoris. Entonces le preguntamos: "¿Pero vos le dijiste cómo tocarte y dónde? ¿le dijiste qué te gustaba, qué te ayudaba a llegar al orgasmo?" Su respuesta fue un gran "NO". Así pues, comencé a pensar en todas las personas (hombres y mujeres) que quedan insatisfechas sexualmente por no haber expuesto sus deseos ante su "compañero de emociones".

Pensemos seriamente ¿cuántas veces desechaste a una persona porque no sabía hacerte acabar? ¿a cuántos guiaste a conocer tu cuerpo y hacerlo estallar? ¿Cuántos orgasmos fingiste, dejándolo con la sensación de ser un dios en la cama? ¿a cuántas les dijiste cómo te gustaba el sexo oral?

Muchas personas sienten que el otro (u otra) se equivoca, que no sabe, que no cumple, que no sirve. Pero no se detienen a preguntarse si podrían haberlo expresado, hacer que aprendan a satisfacer sus deseos y placeres. Cuando vos dejás tu orgasmo en manos del otro, estás descartando tu placer en pos de una persona que tal vez no sabe otra cosa, más que buscar el propio.

Sería ideal que dejemos de callar, que nos abramos y apartemos miedos e inseguridades, especialmente cuando se trata de sexo, ya que es en ese momento donde, mientras más libres nos sintamos, más placer podamos dar y recibir.

viernes, 8 de marzo de 2019

Mujer fuerte, mujer libre.




Llegamos al mundo indefensas, dependientes, frágiles y pequeños seres. A medida que crecemos, desarrollamos habilidades increíbles. Evolucionamos, aprendemos, sentimos, resurgimos y nos levantamos aún de las peores caídas.

Con el tiempo adquirimos superpoderes tales como estar en mil cosas al mismo tiempo, ser refugio de emociones varias, maquillar sentimientos y salir a la calle vestidas de lucha inagotable.

Somos capaces de ver el mundo con ojos de madre. Tenemos en nuestras manos la habilidad de hacer todo lo que hace un hombre, con la diferencia de poder hacernos responsables de lo que se nota y al mismo tiempo, ocuparnos de todo aquello que llevamos por dentro.

Llegar al mundo indefensas y convertirnos en gigantes luchadoras es nuestro mayor logro, nuestra más increíble destreza.

¡Mujer hermosa, mujer fuerte, mujer digna, nunca dejes de levantarte. Vos podés tener el mundo a tus pies!

Cada lágrima, cada pesar, cada vez que nos armamos, estamos forjando nuestro propio destino.

Nunca olvides que nuestro mejor maquillaje y nuestra mayor virtud es la de romper cadenas y seguir avanzando con la frente en alto.

jueves, 31 de enero de 2019

De juicios y prejuicios.



En esta época, en la que las personas estamos tan conectadas virtualmente, nos olvidamos que hay conexiones reales, más profundas y sinceras. Nos dedicamos a señalar con un dedo todo aquello que no coincide con nuestro punto de vista o ideología. Parece ser que el lema es: "viví como yo quiero o no vivas". Juzgar al otro es moneda corriente y nos olvidamos que nadie es perfecto, que los seres humanos no somos infalibles. Sí, incluso vos, que pasás horas frente a una computadora o celular, odiando todo lo que no encaja con vos, tampoco sos perfecto y alguien, en algún lugar, te está juzgando también. 

Preguntas como "¿No te pensás recibir? ¿Para cuándo el casamiento, o el bebé? ¿Por qué te tatuás? ¿No te da vergüenza salir así a la calle? Las escuchamos todos los días. Gente que cree estar en tu piel, que piensa que sabe lo que se siente ser vos. Y te juzga sin piedad, sin un ápice de empatía.

Leemos comentarios crueles, despiadados, carentes de cariño o solidaridad. Los hacemos y recibimos por igual. Y así vamos por la vida, despojándonos de sentimientos y convirtiéndonos en robots programados para odiar.

Entonces me pregunto ¿Vale la pena perder nuestra humanidad sólo por querer figurar un rato en una red social en la que casi no hay contacto real, en la que todos se desesperan por ser populares y se olvidan del daño que pueden causar? Me recuerda a mis años de sufrir bulliyng en la escuela. Nos hemos convertido en esos acosadores a los que tanto detestábamos de pequeños. Y el resto, el resto son sólo víctimas de nuestra falta de empatía en pos de unos cuantos "likes".

miércoles, 2 de enero de 2019

Sueños rotos



Destellos de una luz rota,
oscuros recuerdos. 
Jugamos a ser libres 
pero nada, nada cambia.

Los de afuera nos alteran,
lo de adentro nos carcome.
Remolinos de dolor,
despedidas y esperanza.

Sueños rotos, mal recuerdo.
Sueños rotos, desespero.
Sueños rotos, lucho y pierdo.
Sueños rotos, río y muero.

Imagino grandes cosas, 
imagino, siempre quieto.
Quiero salir, quiero luchar 
quiero dejar ya de soñar.

El destino hoy me llama
a bajarme de esa nube,
me despido del letargo,
me despido de las sombras.

Sueños, lucho, nazco y muero.
Sueños, me despierto y creo,
El futuro es de aquél
Que ve belleza en sus sueños.

Sueños rotos, mal recuerdo.
Sueños rotos, desespero.
Sueños rotos, lucho y pierdo.
Sueños rotos, río y muero.






lunes, 17 de diciembre de 2018

La Puerta. Parte II



Desesperado, Bruno buscó el modo de abrir la puerta, pero esta no cedía. Buscó un hacha entre sus herramientas y comenzó a intentar destrozarla. Podía oír los gritos de Ana y de una niña también. La puerta no se rompía a pesar de sus esfuerzos. Salió de la casa hacia el terreno del casero, Don Felipe. Éste había sido el encargado de cuidar la casa durante muchos años y había ayudado a Bruno a descargar los muebles el día anterior.

_¡Don Felipe, necesito ayuda! ¡Mi mujer quedó atrapada en una espacio pequeño y no puedo derribar la puerta! ¡Escucho también los gritos de una niña pequeña dentro!_

_Don Bruno, no se desesespere, ya llamo al Comisario, vive acá cerca._ El rostro asombrado de Don Felipe, alarmó a Bruno, que comenzaba a perder la poca calma que le quedaba._

_El Comisario está en camino con dos efectivos, traen herramientas, grandes por las dudas que las necesitemos, mientras tanto, vamos y me muestra dónde está atrapada su mujer._ Dijo el anciano, con evidente desconcierto._

Bruno no podía creer la calma con la que Don Felipe se movía y hablaba. Parecía no comprender su urgencia.

Apenas llegaron, vieron la camioneta de los efectivos aproximarse. Bruno les hizo señas y estos bajaron corriendo hacia donde él les señalaba. Llegaron al sitio donde el dueño de casa les indicó y sólo encontraron una pared grande con una mancha de humedad que asemejaba a una pequeña puerta de madera veteada. Bruno no comprendía lo que estaba pasando. 

_¡No entiendo! ¡La puerta estaba ahí! ¡Mi mujer está ahí y una niña aparentemente también, tienen que creerme! Don Francisco, usted la vió, se llama Ana, es una mujer delgada, de cabello negro largo y ojos azules._ Mientras, seguía escuchando los gritos, pero ahora a la distancia, como si se fueran apagando lentamente.


_Don Bruno, mantenga la calma, necesito decirle algo: Yo nunca ví a su mujer, usted vino a ver la casa solo y ayer también estaba solo. por eso me asombré cuando habló de su mujer._

_¡No! ¡Es imposible! Ana estaba conmigo, ¿cómo voy a inventar algo así?._

De repente, como un disparo, comenzaron a llegar las imágenes a su cabeza. Era una noche cerrada, llovía a cántaros. Ana, Bruno y su hijita de cuatro años, Alma, iban en el auto. Alma había sufrido un desmayo y las ambulancias no podían atravesar el camino por las inundaciones. Bruno manejaba con mucha prisa e intentaba ver por el parabrisas. Ana iba atrás, junto con su niña desvanecida. Ninguna de ellas llevaba puesto el cinturón de seguridad. De repente Bruno divisó una luz de frente y maniobró para esquivarla, desviándose del camino y chocando de frente con un enorme árbol. Ana y Alma fallecieron en el acto. 

_¡NOOOOO!_ Gritó con todas sus fuerzas al percatarse de su cruda realidad. Cayó al piso, se colocó en posición fetal y lloró desconsolado.

 Las imágenes seguían llegando. El velorio, el entierro y la puerta, la maldita puerta del nicho, pequeña y de madera veteada... 




miércoles, 12 de diciembre de 2018

Yo no olvido








¿Te acordás cuando fui a tu casa? Tal vez no recuerdes, fue hace muchos años, yo era sólo una niña. Fui a jugar a las muñecas con tu hermana y me abriste vos, bastante más grande que yo. Me dijiste que ya venía, que la espere adentro. Yo tenía mis Barbies en la mano, ansiosa por usarlas. Cerraste con llave y no entendí bien por qué. Sin mediar palabra, te me fuiste encima y me tiraste al piso. Mi cuerpecito de nena quedó atrapado debajo del tuyo. Intenté gritar, pero me tapaste la boca. Mis muñecas yacían en el piso y las miré por un instante, como pidiéndoles ayuda. Estaba inmovilizada y mi boca no podía emitir sonido. Con tus manos comenzaste a tocar mi cuerpo de niña inocente. Sólo se escuchaban tus jadeos y el sonido de mis lágrimas al caer. En un rápido movimiento, comenzaste a bajarte el pantalón y luego quisiste bajar el mío. Me sentí morir. Estaba desconcertada, me dolía todo el cuerpo, pero más me dolía el alma. 

En ese momento, golpearon la puerta, era tu hermana que llegó justo, como enviada del cielo a salvarme. ¿Te acordás el sonido de mi llanto al salir corriendo? ¿Te acordás del color de mis ojos a través de las lágrimas? ¿O quizás el portazo que dejé atrás, junto con mi infancia destrozada?

No, no recordás nada. En tu mente perversa fui sólo un juego más. Pero yo sí recuerdo. Por años el peso de tu cuerpo me oprimía el pecho y me despertaba sin aliento por las noches. Yo recuerdo el olor de tu aliento, el sabor salado de tu mano al taparme la boca. Recuerdo mi silencio, mis pesadillas, el temor a que algún hombre me tocara. Recuerdo, años después, al estar con un chico (sin que llegue a pasar más que unos besos) correr a bañarme, llorando y sintiéndome inmunda. 

No, vos no recordás nada. Por años la imagen de tu cuerpo encima del mío me despertaba y yo lloraba en silencio. Por años me dolió el pecho de tanta angustia reprimida.

Yo sí recuerdo y esta herida aún no termina de sanar. Yo sí recuerdo, no he olvidado. Sigo encerrada en un bucle horrible, reviviendo cada instante, volviendo a morir con cada momento de ese nefasto día que creí haber dejado atrás. Sigo siendo esa pequeña asustada que corrió tan fuerte como sus piernitas lo permitieron. Sigo corriendo, huyendo de vos.

Sin embargo hoy, a pesar de todo, me levanto fortalecida, me seco las lágrimas  y sigo adelante, hoy miro al futuro con la esperanza de que nunca, nadie más, tenga que recordar lo que aún está enquistado en mi memoria. 


viernes, 7 de diciembre de 2018

La puerta. Parte I





Ana recorría con asombro e impaciencia cada rincón de su nueva casa. Hacían años que con Bruno, su esposo, habían soñado este momento. Mucho tiempo estuvieron ahorrando, viviendo de prestado, teniendo que resignar viajes y salidas para poder, al fin, acceder a su propio hogar. Observaba desde la ventana de lo que sería su habitación, el amplio jardín que se desplegaba abajo. Imponentes estatuas de mármol le daban un aspecto colonial que ella simplemente adoró. Las galerías iluminadas, los pisos de madera un tanto desgastados por el abandono, las paredes manchadas por el paso del tiempo, ¡todo le resultaba tan mágico! Pocas eran sus pertenencias para tanto espacio. Pensaba en los arreglos que le haría a los ambientes, las cortinas que planeaba poner para tapar un poco el furioso sol de los días de verano, las alfombras, los cuadros que podrían colocar para darle un aspecto más actual, sin resignar sus aires de pasado glorioso.

Absorta estaba en sus pensamientos, cuando divisó una pequeña puerta ubicada al final de uno de los tantos pasillos de la vieja casona. Le resultó todo un misterio encontrar esa diminuta abertura en aquel lugar. Quiso acercarse cuando Bruno la sorprendió por detrás con un abrazo y un beso que la hicieron olvidar la puerta escondida.

-Bienvenida a casa, amor- le dijo él con una cálida sonrisa.
-¡Es hermosa, cielo! ¿Cómo supiste que me iba a gustar?- respondió Ana, emocionada.
-Porque sé cuánto amás restaurar cosas antiguas. Vas a tener mucho trabajo en esta vieja casa.-
-En eso estaba pensando, ¡tengo tantas ideas, vas a ver que va a quedar aún más bella!.-
-No lo dudo, si está en tus manos.-

Se abrazaron, dejándose llevar por la emoción del momento. Luego siguieron bajando el resto de sus pertenencias que esperaban en el camión de mudanzas.


Esa noche estaban exhaustos, se durmieron abrazados, felices de estar viviendo su tan ansiado sueño. A mitad de la noche, Ana despertó al escuchar un extraño ruido. Parecía ser el golpe de una puerta. Quiso despertar a Bruno sin éxito, el pobre había movido cosas pesadas todo el día, estaba extenuado. El golpe se repetía sin cesar y ella estaba asustada. Juntando valor, se levantó de la cama, tomó su linterna y se dirigió hacia el lugar desde donde provenía el sonido. Dobló por un amplio pasillo hasta dar con la galería que terminaba en la pequeña puerta, donde Ana lo sintió aún más fuerte. ¡Alguien está adentro!- pensó-. Corrió en esa dirección e intentó abrirla, pero fue en vano. Al parecer, estaba hinchada por la humedad. Pegó su cabeza a la madera para oír mejor y en ese instante logró escuchar "¡ayuda!". Era una voz de niña, una suave voz. Se la escuchaba cansada, desgastada, casi sin fuerzas. En un momento de adrenalina, pensando que una criatura podría estar en peligro, Ana encontró una vieja hacha y con ella derribó la diminuta puerta que la separaba de lo que fuese que estaba dentro.


Apenas logró romperla, metió su mano, intentando salvar a la niña cuando, de repente, sintió que algo la jalaba con fuerza hacia adentro. Ana gritó pidiendo auxilio a su esposo. Éste llegó corriendo, pero ya era tarde, no pudo hallar a su amada esposa. En su lugar, descubrió una pequeña puerta de madera desde donde escuchó un potente y repentino golpe...